CON LA PASION DE SIEMPRE HABLO DE CHAVEZ, DE LA MEDICINA CUBANA... Y DE
SU PROPIA MUERTE
Relato de la nueva gran batalla de Fidel
El l=EDder cubano mostr=F3 c=F3mo evoluciona su recuperaci=F3n en el
encuentro con el diputado argentino. Tambi=E9n elogi=F3 a Hugo Ch=E1vez
por su lucha para ingresar al Consejo Permanente de la ONU y por
aliarse a sectores medios para "hacer los cambios
democr=E1ticamente" y mostr=F3 su preocupaci=F3n por terminar de editar
sus memorias en vida.
Por Miguel Bonasso
Desde La Habana

Castro y Bonasso compartieron 90 minutos. El diputado argentino le
regal=F3 un ordenador de viaje.
Me hab=EDa preparado para verlo, pero la realidad fue mucho m=E1s fuerte.
Incluso le llevaba de regalo un ordenador de viaje. Es decir una suerte
de cartuchera de cuero argentino, que en su interior tiene espacios
predeterminados para papeles, tarjetas, pasaje, pasaporte, anotaciones
varias, todo lo que necesita un viajero. S=E9 muy bien que Fidel Castro
no lleva tarjetas de cr=E9dito ni dinero en sus traves=EDas por el mundo,
pero el modesto presente encerraba un mensaje subliminal: "Espero que
pronto est=E9 bien para volver a viajar".
Pero una cosa es lo que uno imagina, teme, desea, y otra bien distinta
el hecho en s=ED. De pronto el llamado telef=F3nico: "Est=E9 a tal hora
en tal lado". Y nada m=E1s. Pod=EDa ser que lo viera personalmente o
pod=EDa ser que me encontrara con algunos de sus hombres de confianza en
una reuni=F3n preparatoria. No pod=EDa creer en mi buena suerte: era el
primer invitado a la Cumbre del Movimiento de los No Alineados que
ten=EDa el privilegio de ver al Comandante en su recuperaci=F3n, como ya
lo hab=EDan visto antes de la Cumbre Hugo Ch=E1vez y Evo Morales.
Estaba tan aturdido que olvid=E9 hasta una elemental libreta de notas
por si ten=EDa la suerte suplementaria de que me hiciera una
declaraci=F3n.
Pero al llegar a la cita supe que lo ver=EDa. Con sus colaboradores m=E1s
cercanos recorr=ED el pasillo como en un travelling cinematogr=E1fico
donde el visitante ve intensificarse la realidad a medida que avanza:
al comienzo los hombres de su custodia vestidos de verde oliva, luego
su m=E9dico personal siempre derrochando bonhom=EDa, al final del largo
corredor un tr=EDo compuesto por dos mujeres y un hombre alto, los tres
de guardapolvo blanco. =BFM=E9dicos, enfermeros? Por fin una se=F1ora muy
amable que me introdujo en la habitaci=F3n. Un cuarto austero, blanco,
totalmente despojado de adornos. Fidel, que estaba sentado en una cama,
con una mesa blanca y m=F3vil por delante, se puso de pie para darme un
abrazo.
Vest=EDa una bata color vino y un pijama haciendo juego y, por suerte,
era el Fidel de siempre. M=E1s delgado, es verdad, pero no tanto como lo
hab=EDan mostrado unas fotos recientes.
"Perd=ED cuarenta y un libras -me record=F3-, pero estoy
recuperando peso. Ya casi la mitad de lo que perd=ED."
Muchos kilos para quien ya parec=EDa un hidalgo espa=F1ol de prosapia
cervantina y ostenta ahora un perfil quijotesco.
Nos sentamos para charlar. Eran las once y media de la ma=F1ana habanera
de ayer y afuera reverberaba la can=EDcula. El nudo que yo tra=EDa en la
garganta se afloj=F3 de golpe: puede sonar incre=EDble, pero Fidel estaba
tan l=FAcido y filoso como siempre. El mismo tono confidencial de
conspirador que el oyente debe desentra=F1ar, las mismas se=F1as
misteriosas o las acentuaciones gestuales de alg=FAn hallazgo verbal,
alguna orden a sus colaboradores en voz bien alta, para demostrar que
puede regresar a la oratoria en cualquier momento.
"Ves", subray=F3. "Puedo hablar en voz bien alta si quiero."
Pas=F3 un rato largo antes de que me hiciera la confesi=F3n que carga de
peso existencial esta nota. Arranc=F3 como siempre, apasionado por los
hechos colectivos, pol=EDticos, poniendo lo personal en un tercer o
cuarto plano de sombra. Estaba entusiasmado con el hecho de que
Venezuela gane la batalla para ocupar un sitial en el Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas. "Genio y figura", pens=E9. El
tr=E1nsito por la enfermedad y la presencia cierta de la muerte no han
disminuido un =E1pice la intensidad de sus sue=F1os y obsesiones.
"No van a poder bloquear el ingreso", asegur=F3. Y subray=F3 que su
gran amigo Hugo Ch=E1vez Fr=EDas se ha convertido en un l=EDder mundial.
"Ch=E1vez ha ido creando un modelo indestructible. No es portador de
un socialismo extremo, sino realista. Indiscutiblemente va a tener
=E9xito en crear un gran partido que re=FAna y represente a todos los
revolucionarios venezolanos. Los diversos partidos que lo apoyaban han
respondido bien a su convocatoria para lograr la unidad. Adem=E1s
-agreg=F3- ha prometido realizar todos los cambios
democr=E1ticamente, consultando al pueblo. No es extremista. Ha
prometido cooperar con las capas medias y el respeto y la colaboraci=F3n
con las empresas privadas que acaten los principios de la revoluci=F3n.
Adem=E1s ha desarrollado programas sociales que no tienen paralelo en el
mundo y que lo convierten en un l=EDder imbatible. Pienso que un pueblo
tan saqueado como el venezolano merece este cambio. Y veo con alegr=EDa
el impulso hacia la integraci=F3n de Am=E9rica latina, en la que
Venezuela ser=E1 un ejemplo de lo que se puede hacer cuando un pa=EDs
pone sus recursos al servicio del pueblo. Ch=E1vez no s=F3lo usa bien
esos recursos sino que los multiplica con medidas fiscales que antes no
se tomaban."
Despu=E9s abord=F3 el tema de la "Operaci=F3n Milagro", uno de los
programas de salud que m=E1s lo apasiona. Y lo hizo con la misma
intensidad de siempre. Como si no hubiera pasado por el filo de la
navaja dejando en terrible suspenso a millones de personas. Record=F3
que en apenas dos a=F1os, unos 400 mil latinoamericanos hab=EDan sido
operados de cataratas, pterigium y otras enfermedades de la vista con
la nueva t=E9cnica oftalmol=F3gica desarrollada por los m=E9dicos cubanos.
Y que todas esas operaciones, muchas de las cuales se hab=EDan llevado a
cabo en Cuba, hab=EDan sido gratuitas, en beneficio de los
latinoamericanos m=E1s pobres.
Al rato Fidel me ofreci=F3 m=E1s caf=E9, mientras nos sacaban un mont=F3n
de fotos. Con su sempiterno entusiasmo, me coment=F3 admirado: "Son
incre=EDbles estas c=E1maras digitales".
Nos =EDbamos acercando a la confesi=F3n. Sobre la mesa hab=EDa un libro
voluminoso. La portada sobria, bien realizada, anunciaba Cien horas con
Fidel. Y abajo: "Conversaciones con Ignacio Ramonet. Segunda
edici=F3n. Revisada y enriquecida con nuevos datos".
Algunos meses antes hab=EDa visto con inocultable envidia la primera
edici=F3n de esa megaentrevista en la que el l=EDder cubano pasa revista
a su vida y a la historia mundial que lo destaca como uno de sus
principales protagonistas. En junio =FAltimo, el Comandante me hab=EDa
mostrado sus correcciones manuscritas a las respuestas de la primera
edici=F3n. Las preguntas de Ramonet, obviamente, hab=EDan sido respetadas
por el entrevistado. A fines de julio, cuando volv=ED a verlo en
C=F3rdoba, viajaba acompa=F1ado por las pruebas de p=E1gina, en pleno
proceso de revisi=F3n y aumento. Pero nunca hubiera imaginado lo que
ocurri=F3 tras la operaci=F3n del 27 de julio.
"Lo segu=ED corrigiendo en los peores momentos -musit=F3-. No par=E9
de corregirlo. No creas que lo hice cuando mejor=E9. Desde los primeros
d=EDas. Y lo hice no s=F3lo por su contenido sino porque le hab=EDa
prometido al pueblo que lo revisar=EDa antes de publicarlo. As=ED que
pas=E9 muchas horas dict=E1ndole a Carlitos (Valenciaga, su secretario).
Muchas horas."
Entonces me mir=F3, con los ojos muy abiertos y esa expresi=F3n como de
asombro que le redondea la boca cuando tira un dardo decisivo, para
aclarar en un tono profundo, pero despojado de =E9nfasis y dramatismo:
"Quer=EDa terminarlo porque no sab=EDa de qu=E9 tiempo dispondr=EDa".
La sombra del gran l=EDmite, de la imposibilidad de toda posibilidad,
anidaba todav=EDa en el fondo de la mirada como un fondo de caf=E9.
Coment=E9:
"Otra gran batalla".
Asinti=F3 en silencio y agreg=F3:
"Estas cosas te las cuento como amigo y escritor".
Despu=E9s se excus=F3 de no poder regalarme el libro por razones
protocolares, hasta entregar una copia a los jefes de Estado que
concurren a la reuni=F3n del Movimiento de No Alineados. A nuestro lado,
el infatigable Carlitos Valenciaga -el joven colaborador que ley=F3 la
hist=F3rica proclama sobre el traspaso de poderes- ponderaba algunas
incorporaciones a esta nueva edici=F3n aumentada:
"Hay cartas in=E9ditas a Sadam Hussein recomend=E1ndole que se retire
de Kuwait. Las cartas a Nikita Kruschev contextualizadas".
Sobre la mesa blanca hab=EDa tambi=E9n un folleto reproduciendo la
portada del libro con la siguiente leyenda: "Cap=EDtulo 24 - Los
sucesos de abril de 2002 y otros temas de Am=E9rica latina".
"Est=E1 traducido a nueve idiomas", aclar=F3 Valenciaga. Ped=ED uno
para reproducirlo como anticipo en P=E1gina/12, despu=E9s que se le
entregara a los jefes de Estado. En particular a dos amigos fieles que
el Comandante aguarda con impaciencia: Ch=E1vez y Evo Morales. En ese
cap=EDtulo 24, adem=E1s de las intimidades del fallido golpe contra
Ch=E1vez, el lector encontrar=E1 interesantes reflexiones sobre los
militares nacionalistas y progresistas de Am=E9rica latina, como Omar
Torrijos, Juan Velasco Alvarado o el propio Juan Domingo Per=F3n. Y
referencias agudas a la derrota de Carlos Menem y el triunfo de N=E9stor
Kirchner en 2003.
Se acercaba el momento de la despedida. La charla se hab=EDa prolongado
durante hora y media. Fidel se=F1al=F3 el modesto televisor que ten=EDa
frente a la cama (nada de plasma ni equipo estereof=F3nico) y coment=F3:
"La tele est=E1 cada vez m=E1s violenta. Todo es de una violencia
extrema. Todo es publicidad y violencia. Desde las ficciones hasta los
noticieros internacionales".
Le dije, con total sinceridad, que me iba muy contento de verlo tan
bien.
"Todo en su justo medio", advirti=F3, mientras me daba un apret=F3n
de manos. "No hay que olvidar que la m=E1quina a reparar ya tiene
ochenta a=F1os."
Publicado en: www.pagina12.com.ar/diario/principal/index.html